Carmen:
Ha renacido la necesidad por conocer tu paradero, verte
borrosa en mis sueños es ahora una tortura que no le deseo ni a mi adversario
de infancia. Y es que, alejarme de tu lado es la cosa que menos me ha costado pues estoy
consciente de que hice cuanto tú me habías permitido.
Visitar tu antigua morada y descubrir tu fantasma en ese
espacio vacío, alzar la vista en dirección al departamento del cual el número
nunca fue lo importante, extrañarte desde la calle con vista hacia la ventana y
notar que ni siquiera existe el Jim Morrison de la pared, ése que fue cómplice
de los cigarros y las risas guardados.
La falta que me haces es proporcional al número de sonrisas
fingidas, aunque me basta con recordar tu nombre para imaginarte bien. En el
caso de pensarte, no requiero más que de mis preocupaciones y cuando quiero
mandarte al demonio sólo acudo a nuestros errores.
La fecha en la que partiste no la recuerdo, ¿Quién quisiera
almacenar en las memorias una fecha tan triste, tan confusa? Sólo sé que has
dejado un hueco que no he podido llenar con nada, ni con tus relatos fatalistas
y mucho menos con tus grandes incoherencias.
Te preguntarás, ¿por qué quiero saber de ti? ¿Qué quiere
esta extraña de ti? Deseo saber si aún andas por las calles con la mirada perdida y el corazón muerto, anhelo saber si todavía estás viva...