¿De dónde se sacan sus temas los escritores?
Aceptar el reto de la hoja en blanco, para mí, no posee ningún problema. Pero claro, siempre y cuando el resultado caiga dentro de mi marco literario. Me siento íntimamente atraído con cualquier estilo al escribir que te permita externar tus sentimientos de una manera fluida y sin reglas. Suena más bien como a un anarquismo literario, pero qué demonios, la crítica a la que puedan ser sometidos mis textos simplemente me tiene sin cuidado. Recuerdo vividamente a mi profesor de literatura; nunca dejaba de mencionar que todo texto debe cumplir estrictamente con los puntos que más revisan los críticos, obtener una respuesta positiva de su parte y de esa manera saberse un erudito de la literatura. Nunca me casé con esa idea. Y no es que pretenda ser alguna clase de escritor amateur, ni mucho menos. Si alguien disfruta de leerme, soy yo —además de mi madre y algunos amigos— y de esa manera no me siento comprometido a resolver las incógnitas que la 'correcta literatura' me ande exigiendo.
Pero el problema se deja ver cuando mi escritura actualmente sí posee un destinatario. Cuando le quiero vender la idea a alguien más, o cuando pretendo redactar una de esas ridículas cartas de amor para una chica. ¿Cómo le voy a hacer para que le entienda? ¿Qué incógnitas he de resolverle? ¿Cómo se conformará mi idea principal? Ese tipo de aflicciones que se vienen a la cabeza cuando recuerdas a tu profesor de literatura y sus ideas acerca de la crítica. Puedo sentirme muy cómodo yaciendo en algún estilo literario que englobe todas esas ideas sin salir nunca del 'anarquismo literario' del que ya hablé. Y no está difícil de encontrar.
La prosa poética se ha distinguido entre mis gustos por su indomable poder de transmisión, ese efecto de leer el sentimiento de quien escribe que no puede ser mejor descrito que cuando haces... ¿poesía? Pero la poesía es sometida a rígidas y arduas métricas y otras reglas ortográficas que le arrebatan mucha fluidez, y es ahí donde el héroe de la historia, la prosa, entra en acción. Es como poner un poema, todo ese sueño que en vigilia se presenta, pero «de corridito». Más bonito, pues. «Así como lo vas sintiendo» fue la descripción de un amigo mío, y con mucho acierto le ha dado. De esa manera me siento más cómodo haciendo ficción y lenguaje figurado incluso cuando hago la tarea o cuando le redacto ridículas cartas de amor a las novias que no tengo. Esto, claro, no me exime de una muy mala redacción (qué mejor ejemplo que esto) y, aún con el esfuerzo que le pongo a que alguien me entienda, nunca lo logro. He llegado a pensar que soy muy raro, en realidad, y que hallar a mi media naranja pues sí va a estar en Mandarín.
Mis siguientes obras: "La retórica de la matemática" y "Te creo todo lo que no me dices".