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  1. Temas.

    30 septiembre 2012

    ¿De dónde se sacan sus temas los escritores? 

    Aceptar el reto de la hoja en blanco, para mí, no posee ningún problema. Pero claro, siempre y cuando el resultado caiga dentro de mi marco literario. Me siento íntimamente atraído con cualquier estilo al escribir que te permita externar tus sentimientos de una manera fluida y sin reglas. Suena más bien como a un anarquismo literario, pero qué demonios, la crítica a la que puedan ser sometidos mis textos simplemente me tiene sin cuidado. Recuerdo vividamente a mi profesor de literatura; nunca dejaba de mencionar que todo texto debe cumplir estrictamente con los puntos que más revisan los críticos, obtener una respuesta positiva de su parte y de esa manera saberse un erudito de la literatura. Nunca me casé con esa idea. Y no es que pretenda ser alguna clase de escritor amateur, ni mucho menos. Si alguien disfruta de leerme, soy yo —además de mi madre y algunos amigos— y de esa manera no me siento comprometido a resolver las incógnitas que la 'correcta literatura' me ande exigiendo.

    Pero el problema se deja ver cuando mi escritura actualmente sí posee un destinatario. Cuando le quiero vender la idea a alguien más, o cuando pretendo redactar una de esas ridículas cartas de amor para una chica. ¿Cómo le voy a hacer para que le entienda? ¿Qué incógnitas he de resolverle? ¿Cómo se conformará mi idea principal? Ese tipo de aflicciones que se vienen a la cabeza cuando recuerdas a tu profesor de literatura y sus ideas acerca de la crítica. Puedo sentirme muy cómodo yaciendo en algún estilo literario que englobe todas esas ideas sin salir nunca del 'anarquismo literario' del que ya hablé. Y no está difícil de encontrar. 

    La prosa poética se ha distinguido entre mis gustos por su indomable poder de transmisión, ese efecto de leer el sentimiento de quien escribe que no puede ser mejor descrito que cuando haces... ¿poesía? Pero la poesía es sometida a rígidas y arduas métricas y otras reglas ortográficas que le arrebatan mucha fluidez, y es ahí donde el héroe de la historia, la prosa, entra en acción. Es como poner un poema, todo ese sueño que en vigilia se presenta, pero «de corridito». Más bonito, pues. «Así como lo vas sintiendo» fue la descripción de un amigo mío, y con mucho acierto le ha dado. De esa manera me siento más cómodo haciendo ficción y lenguaje figurado incluso cuando hago la tarea o cuando le redacto ridículas cartas de amor a las novias que no tengo. Esto, claro, no me exime de una muy mala redacción (qué mejor ejemplo que esto) y, aún con el esfuerzo que le pongo a que alguien me entienda, nunca lo logro. He llegado a pensar que soy muy raro, en realidad, y que hallar a mi media naranja pues sí va a estar en Mandarín. 

    Mis siguientes obras: "La retórica de la matemática" y "Te creo todo lo que no me dices". 


  2. Un ritorno

    24 septiembre 2012

    Cambiarle el idioma a mi título no es nada nuevo, escribir lo mismo de siempre tampoco lo es.

    Deseo volver renovada, sin mis fantasmas, sin tantos sentimientos ni represiones.

    Busco las formas para estar aquí y no quedarme con los dedos en blanco.


  3. 1) Yo y mi ideología amorosa, que en ocasiones ni yo misma la aplico

    2) Mis ganas de estar sola para escuchar el triste silencio que me acompaña y tomarnos una copa de Asti para platicar con la mirada

    3) Mis fantasmas

    4) Mis actitudes indiferentes o extremadamente amorosas

    5) Mi poco interés por saber de los demás, que al final de cuentas, sólo muy pocos me importan

    6) Cualquier pretexto es bueno para perderme y después encontrarme

    7) La molestia de ser "predecible" e intentar cambiarlo para que la gente termine diciendo: Quieres cambiar

    8) No apresurarme a encontrar el libro que cambie mi vida, sino un escrito, palabra, silencio, punto

    9) Mis ganas de enlistar todo lo que pienso, hago o digo

    10) Yo y mis ganas de levantarme cada mañana a la monotonía

    11) Escribir cosas sin sentido, pero que de mi nacen

    12) Colocarme en el "aquí y ahora" porque el "ahí y ayer" o "allá y mañana" no existen más

    13) Ser repetitiva

    14) Mentir en el punto número 5


    No me gusta poner puntos

  4. Amigos.

    15 septiembre 2012

    La hipocresía entre amigos nace a raíz de las actitudes que se adoptan hacia éstos. Cuando recriminamos sus negativas, cuando uno se burla de esas expresiones que han decidido usar, incluso hay veces que, sin pensarlo, herimos más que el simple orgullo. Las palabras de un tercero no son capaces de hacer cambiar en lo más mínimo al prójimo. Si no omitimos en ningún punto las palabras hirientes, éste ser, antes de cambiar genuinamente, decidirá actuar como si en verdad lo hubiera hecho; es ahí donde nace la hipocresía. 

    No podemos recriminar la falsedad del individuo cuando nuestras acciones le han orillado a proceder de tal manera. No cuando la persona en cuestión ha sido víctima del cambio obligado a manos de los que se dicen sus amigos. Si lo consideras como tal, un amigo, se debe aceptar tal y como es, en cuyo caso corresponde la acción de respetar su identidad, nunca menospreciándola ni disminuyéndola. Mucho menos ofendiéndola. 

  5. Análisis.

    08 septiembre 2012

    No sé analizar absolutamente nada. En serio; siempre intento dar un punto de vista analítico de aquello que acontece en mi día a día y resulta que nunca me sale algo interesante. Siempre que lo intento, la redundancia sale a flote y termino divagando bien cabrón. Luego, como método evasivo —ya cuando me percato de que cantinfleo— volteo a ver mi librería y extraigo de ahí algún número al azar. Lo abro en una página aleatoria con la intención de leer algún párrafo que me saque del estancamiento mental proporcionándome algunas nuevas palabritas... casi siempre termino leyendo más allá del supuesto párrafo (a veces termino el libro entero) y cuando vuelvo la vista a mi ordenador, donde casi siempre hago que escribo, descubro que he perdido la idea. Luego, como si de algo me sirviera, leo lo que ya tenía preparado con la esperanza de recobrar el hilo de mis pensamientos y tristemente me enfrento con la jodida realidad: soy malísimo, no sólo en el análisis, sino también en la redacción. Qué nimio me siento narrando mis vivencias. Este texto lleva como diez releídas y aún sigo estando bien jodido de mi crónica. Me siento más cómodo haciendo ficción. ¿Eso dirá algo de mí? Me pregunto qué será.